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miércoles, 7 de enero de 2026

Crítica de SAGA - The human condition(2009)

NOTA - 9´5
¡Excelente! Digo tal, pues, una vez escuchara la hardrockera <Let it go> quedé flechado en largo tiempo dél, y en ir descubriendo el resto, la punta iba enconándoseme con suma fuerça, que en el himnario iba hallando surtido de rimbombantes e imantadas melodías en cuyas hechuras resaltaban los contrapuntos y los arreglos de quales trascendían los teclados del virtuoso  Jim Gilmour, quien, a su vez, despuntaba dando rienda suelta a su morrocotuda inspiración en majestuosos solos dejándome suspendido. Con esto fuime a escuchar al buen tuntún la exquisita <Avalon>, qual a día de hoy sigue siéndome de mis preferidas, cuyo estribillo bregado y melódico de aires Journey me conquistara al instante de ser tan mágica, con ser tan desprendedora de celebración, ideal de ser cantada al unísono a voç en grito, y, a su vez, el magno solo de Ian Critchon, henchido de celestiales bendings. Tras esta perla, agucé las orejas a la contundente y rabiosa <Crown of thorns>, cuyos colosales refuerços de Jim de puro estilo samuraiesco me rechiflan, me extasian, siéndome, asimismo, de mis perdiciones, y es que es realmente extraordinaria, ansí como la colosal instrumental <homónima> que sirve de obertura en que Jim Gilmour face gala de su virtuosismo, jugando con atmósferas y escalas a todos los ritmos, moviéndome a vértigo y excitación. ¡Realmente deliciosa!

En el resto, asimismo recreativo, están la funky con toquezuelos prog <A number with a name> evocante de Living Colour, la alegre cabaretera <You look goof to me> cuya entrada a la parte instrumental derivada en teclados climáticos me es maravillosa, así como lo fecho por estos en el soberbio solo del propio Gilmour. Comiença con aires scifis, con quales es envuelta la obra toda, el magnífico andante <Step inside>, en que Rob Moratti-quien entrara en sustitución del clásico Michael Sadler por querer cumplir este su deseo de tener prole-lleva a cabo tal interpretación vocal pausada excelente en cuyo estribillo estupéndamente desplegado despunta, al tiempo que en el resto de pieças con ser expresivíssimas y diversas en tonos y ritmos. Y en el grupo de máximo contrapunto, <Hands of time>, qual toma inspiración de David Bowie para llevar a efecto la melodía más recitatiba siempre bien reforçada en atmósfera envolvente, y <Now is now>, henchida en sintetizadores cuya voz adquiere color parescido al de Phil Collins en el embriagante y sugerente estribillo sobre ritmo mesurado.

Bien os digo, si gustosos sois de melodías expresivas con cuyo acompañamiento instrumental dinámico sume enteros, bien haredes en aguzalle las orejas, que es todo bien fecho e infunde agrado en todo momento. Ha un mes lo tengo en rueda y sigo abducido dél. ¡Ea! ¡Presto a él!

Canción preferida -> <Avalon> en dura pugna con <Crown of thorns>.

MÚSICOS
Jim Crichton - Bajo, teclados
Ian Crichton - Guitarra
Brian Doerner - Batería
Jim Gilmour - Teclados
Rob Moratti - Cantante
Productor - SAGA

Discográfica - Inside Out Music

viernes, 21 de noviembre de 2025

Crítica de SEVENTH WONDER - The testament(2022)

NOTA - 10

Burla burlando pasaron aún cuatro años desde la publicación de su excelentísima obra conceptual “Tiara” hasta que el quince de marzo haciendo mi diaria indagación me topara de sopetón con un pasquín enclavado en la fachada de los insuperables Seventh Wonder que decía; ‘algo se está cocinando’ que hízome levitar y sumirme en grande nerviosismo de puro contento, por lo que presto púseme a cavilar sobre lo que pudiera ser, mas no llegué a conclusión alguna, que al día siguiente, al tiempo que enclavaban la fascinante portada nívea delineada por Giannis Nakos que imita lo marmoleado y elevación intensa me produjo, el líder y virtuoso bajista de seis cuerdas, su ilustrísima Andreas Blomqvist y el azotador versátil, su excelentísima Stefan Norgren, manifestaron mediante breve vídeo, que su esperadísima nueva obra estaba encaminada para ser publicada el 10 de junio, lo que sirviome para cebarme de enorme euforia sin dejar de invadirme gigantesca inquietud por descubrir el contenido de sus superlativas melodías con las cuales alcanzar el tan ansiado éxtasis. 

Valiéndose del tiempo que concedía la cuarentena, los virtuosos de Suecia “entraron al estudio” en el cual se encerraron durante un año a componer el opus para cuyas letras escribieran su ilustrísima Andreas tuvo a bien ir al encuentro del intérprete por excelencia Tommy Karevik a su actual residencia, Canadá, a cuyas montañas de Alberta ascendieron para encerrarse en una cabaña y juntar letras que abordan los sentimientos que experimentamos al tiempo que nos moldean y en consecuenciadejamos como testamento en nuestros deudos cuando finamos.

Es así que los virtuosos de Séptima Maravilla ¡hasta el nombre les viene como anillo al dedo! Jo, jo, jo volvieron a dar muestras de estar en vena, pues como si no cesaran de chisguetear aguas castiálidas, compusieron, una vez más ¡cómo si fuera poco!, otra obra maestra apoteósica melódico/progresiva en la cual mantienen su inconfundible sello personal, cuyas complejas hechuras de trazos precisos complementadas con grandilocuentes y bellísimas melodías imantadas, emanan elevada magia por todos sus puntos. Y es que estos avezados y carismáticos musicazos que siempre proceden de forma equitativa, compenetrada y precisa ¡a esto llámole yo banda!, vuelven a hacer gala de su impresionante dominio instrumental bañada de groove, haciendo parecer fácil lo más difícil, componiendo sublimes piezas rimbombantes y quedadizas, que como buenos trampantojos, hacen y harán que esos mamertos y criticastros que no se paran a hacer disquisiciones sobre las innumerables notas que han de manejar para crearlas, las tachen de facilonas o bobas porque escucharlas y memorizarlas no requieren apenas esfuerzo, ¡pesia tal!

Sus ilustrísimas no se consagran a delinear melodías básicas cuyos estribillos se forman de repetir el título o pareados menores para colarlas como elaboradas, no, estos nobles mozos van allende de esas bagatelas puesto que la melopeya la dominan como nadie, ¡y en eso no hay perro que me ladre! Y es que basta con echar a ver la intensísima proyección vocal de su eminentísima Tommy Karevik, con cuya extraordinaria y descollante voz de pecho se dedica a interpretar ondulaciones melódicas complejas que están fuera del alcance de loS más, creadas a base de admirable control vocal y amplio registro técnico como los constantes legatos e inflexiones amén de beltings, flips, quiebros, etc -cuasi nada…-, con entera pasión, entrega y actitud que no dan tregua al respiro, para las cuales el gaznate pone bien a ejercitar y el aire bien a gestionar, lo que es más difícil, pues como bien dijo el portento Tommy, para tal género que no es moco de pavo, de gran energía se precisa, y es que tanto es así, que el antedicho llegó a tal punto de quedarse sin tiempo, energía y voz es de entender, que su gran amigo Johan Larsson tuvo la cortesía de viajar allá para aligerar el trabajo y hacer coros para la descomunal pieza “The red river”; si bien es evidentísimo que el resto de músicos no le andan jamás a la zaga en absoluto, pues, como siempre, los cimientos del grande y rítmico azotador Stefan Norgren procura un soporte solidísimo con su omnipresente compás repleta de arreglos, su inconfundible señoría Johan Liefvendhal vuelve a hacer gala de sus sustanciosos juegos de riffs quedadizos y variedad de brillantes arreglos que engalanan todo el himnario, así como el Dios, el Puto amo, el bajista de seis cuerdas por antonomasia Andreas Blomqvist, con cuyo bajo Michael Tobias Mtd American custom duplica extraordinariamente las líneas del colorista Johan Liefvendhal al tiempo que acomete sus magníficas y clásicas virguerías, y el maestro de los teclados Andreas “Kyrt” Söderin refuerza y enriquece las muy armoniosas melodías con sus inconfundibles ráfagas de progresiones y magníficos arreglos. ¡Ah, con estos magnos músicos jamás puede salir yerro, por lo que siempre reciben mi más confianza ciega! ¡MAESTROS!
 
Para tal proeza, dejaron de lado la intencionalidad que supusieron las colosales obras conceptuales ‘Mercy Falls’ y ‘Tiara’ —¡lo cantado y tocado en estas es puto infartante!— para componer un variado y delicioso himnario donde las elegantísimas composiciones se diferencian unas de otras dando otra pequeña vuelta de tuerca hacia lo inmediato, incluyendo nuevos matices, trazando como acostumbran, melodías grandilocuentes, vibrantes y elegantes de alta ralea ejecutadas de forma depurada, lo que es lo realmente difícil y de admirar. He dicho.

Producido por ellos mismos y mezclado por Jacob Hanssen acometiendo la excelente industria que le ordenara la Séptima Maravilla de que sonara orgánico al tiempo que moderno de forma que los instrumentos sonaran claros e independientes, la monumental obra comienza obedeciendo las declaraciones que hiciera meses atrás mi señor Tommy Karevik de que es importante tener una gran canción como apertura, así es que comienza con el solemne y elegantísimo epinicio “Warriors” que a su vez sirvió como primer adelanto, cuyo esbozo compuesto por el azotador Stefan Norgren fuera desnaturalizado a partir de su imperial e imponente intro para reescribir un desarrollo que fluye placiblemente y un admirable e imantado estribillo delineado por el inimitable Tommy Karevik luego de que no se viera reflejado en él. A su imponente introducción de teclado se agolpan riffs distorsionados del arreglista Johan Liefvendhal y al punto, el bajo expresivo del amo y señor Andreas Blomqvist, que engruesa con nervio la secuencia para dar paso a la fina y cortés bienvenida de su excelentísima Tommy Karevik, al que presto se incorpora Stefan Norgren redoblando para impulsar la marcha de forma que la encantadora pieza avanza en derechura con el insuperable cantor abriendo camino, interpretando sin descanso más mesurado que de costumbre, mas sin dejar de implementar ritmos y armoniosas melodías que van aumentando en intensidad, hasta desembocar en un admirable pre(y)estribillo poderoso e imperial que es reforzado y engalanado con los tan sutiles como solemnes teclados de fondo del eminente Andreas “Kyrt” Soderin —¡clase a raudales, diantre!—. Por otro lado, he de destacar el surgir del cambio de ritmo del segundo verso que adoptando diferente cariz, en el cual los maestros Johan y Andreas amortiguan las cuerdas al unísono al son de Tommy, que, a su vez, desemboca en la envolvente parte instrumental, y esta, en un colofón perfectamente arreglado de sustanciosos coros matizados por Tommy alzando bien su fantástica voz, ¡temarral! ¡Ah, tal pieza colosal de parecerme tan etérea la siento como una maldita agradabilísima brisa! 
 
A “Warriors” le sigue “The light”, la que fuera segunda pieza de adelanto por reflejar perfectamente el espíritu de Seventh Wonder; esto es, la retroalimentación instrumental y el alarde y lucimiento equitativo, pues son para ellos todos los instrumentos de suma importancia —¡muy bien hecho!—, por lo que patean patéticas hegemonías. Pues este allegro enérgico y vivaz de solidas hechuras tiene como predominancia inicial a los instrumentos más infravalorados del metalreino, a saber, el teclado —los hay que lo llaman “tecladitos” despectivamente—, y el bajo —por suerte su ilustrísima Andreas siempre se encarga de ponerlo en relieve—, lo cual me alegra por entero y aplaudo en pie; asimismo, su excelentísima Tommy Karevik vuelve a estar canta que te canta delineando otra meritoria y admirable melodía perfectamente marcada, cuyo empleo vocal es incontestablemente exigente(como siempre), y es que no cesa de modular sobre ritmo fluido, si bien comienza un tanto sosegado, pronto va aumentando en intensidad hasta llegar a un admirable pre(y)estribillazo rimbombante sumamente dinámico, en el cual, Tommy, vuelve a dar su do de pecho modulando a velocidad de vértigo de forma que deja tras sí a los vientos —¡acojonante!—, en tanto que en la parte instrumental todos brillan como mil soles; Johan efectúa un solo magnético, Andreas vuelve a dar sopas con hondas magistralmente, y el sideral Kyrt y redoblante Stefan vuelan alto hasta disminuir sutilmente el tono y velocidad a un primoroso puentazo dramático, el cual su excelentísima Karevik lo efectúa desarrollando un magistral “in crescendo” sobre finos y emotivos tintineos de teclado y sutiles redobles de caja hasta desembocar en un impresionante belting, para volver a hacer inflexión y proferir el estribillazo hasta lo más alto —¡qué puto amo!—, ¡ah, y por si fuera poco, hay que echar a ver los arreglazos de su ilustrísima Andreas a partir del min(05:10) ¡cuales son pa´ dejarse cagar de puro placer! ¡Excelso(s)!
 
En eso digo bajo mi coleto: ¿¡¡¡Cómo diantres perpetran con tan aparente facilidad lo más complejo!!!? ¡Capaces y maestros! Ah, no realizados con ello, pronto sorprenden con el elegante y melancólico mediotiempo "hardrockero” “I carry the blame” escrita por Johan Liefvendhal, cuya sublime musicalidad y expresividad es pura delicia, aquesta pieza comienza con unos arpegios bellísimos que evocan a los de Juan Valdivia, emitiendo una sonoridad celestial y cristalina con la cual flecháronme al instante; ¡mas lo que continúa no es menos sino más de lo mejor, puesto que el canto angelical de mi señor Tommy Karevik hace acto de presencia de forma mesurada, baja y melancólica, ¡ejecutando unos quiebros en diminuendo inmejorables que pónenme los vellos de punta! —¡cuán inmenso!—, a lo cual sigue la línea vocal impresionante, una interpretación que supera la perfección como todas las efectuadas siempre por el autodidacta Herr Karevik, y es que acá, vuelve a mostrar su dominio del legato modulando y matizando sin cesar, dibujando y marcando la envolvente melodía que deriva a un inspirado y admirable pre(y)estribillo que es de elogiar —¡esto sí es obrar!—, por otro lado, es de destacar el exquisito solo celestial del dibujante imparable Johan Liefvendhal, que elévame el alma allende los confines ¡quítome el sombrero!, y el minucioso final del exbombero Tommy  bajando el tono hasta un instante en que frena en seco y al punto deja escapar unas notas breves más ¡escalofriante y apabullante! hasta fusionarse meticulosamente con el fabuloso outro a piano del genio Andreas “Kyrt” Söderin que toca a solaz, recreando una aurora boreal de una envoltura y excelsitud inefable, insuperable, que déjame en estado crepuscular, asintiendo que esta parte es una de las más extraordinarias y mágicas del opus, ¡pura delicia!

El cambio de tercio más flagrante es la instrumental “Reflections”, la primera pieza instrumental en el catálogo de la banda, cuya labor fue encomendada al cofundador Johan Liefvendal que el mismo día en que púsose a crear riffs, Stefan Norgren comenzó a tocar una introducción pianística que sugirió incluirla en alguna pieza, por lo que tal suerte llevó a que ambas secciones fueran acopladas en tal composición que alberga el elegante y envolvente intro a piano, una muy sustanciosa colección de riffs imantadas, a “Kyrt” batallando(03:06) con las progresiones de órgano, al virtuoso Andreas doblando maravillosamente las líneas de Johan, y un majestuoso outro a bajo del propio maestro Andreas Blomqvist que vuelve a dar sopas con hondas sobre unos tintineos celestiales de piano a los que antecede una atmósfera celestial que bien se fusiona con ella, y es que tal sección de bajo es de lo más admirable y plausible, a todas luces uno de los momentos álgidos de la pieza y del opus, ¡pura magia!

Todos vuelven a brillar en el enorme diamante “The red river”, que como “The light” y “I carry the blame” supera los seis minutos de forma que parecen de a tres porqué estos virtuosos poseen el don de la amenidad. El siempre palpable groove y el siempre genial contrapunto del que siempre hacen gala, vuelven manufacturadas en una nueva meritoria y aurífera melodía de cierto halo opresivo, y es que tal pieza comienza con cierta reminiscencia de “Tabullar bells” a piano —¡genial!— seguidos por riffs pegadizos a los que se adhiere Tommy advirtiendo un inminente peligro, inflexionando magistralmente sobre siderales y sutiles tintineos de piano del genial “Kyrt” que desemboca en un extraordinario y admirable pre(y)estribillo de aura opresiva bañado de progresiones de piano al pronto imperceptibles, consistente en el cambio de acordes sin modificar las melodías de modo que da sensación de ansiedad y tensión —el macizo intérprete se inspirara en la banda sueca SOEN—, que repentinamente(02:12) cambia a un ritmo dinámico desconcertante cuyo legato de órdago duela formidablemente con los llamativos coros, cual llega a ser uno de los momentos culmen del opus —¡cuán enorme movimiento!—, siguiéndole el solo condensado de su excelentísima Joahn Liefvendhal, y a este, el excepcional intérprete a son de celestiales tintineos de piano acometiendo otro maravilloso y emotivo puentazo en voz queda, cuyas tres últimas frases termina en diferentes tonos; medio, alto y bajo —¡talentazo!—, finalizando alzando la voz con inconmensurables beltings, ¡es-pec-ta-cu-larrr! ¡Cuánto más la escucho más me tiene a sus pies!

Y como si fuera poco lo compuesto y ejecutado, retoman la inmediatez con la vibrante pieza clasicista “Mindkiller” que embiste agresiva con extraordinarios riffs magnéticos arabescos que, a su vez, se presentan con diferentes cárices en el estratosférico solo ejecutado con una pulcritud tal que hechiza y a la postre amagan sobre perfectos notas de teclado —¡inmensos Johan y Kyrt!—. Y como la cosa va de oriente, las admirables líneas interpretaciones vocales contienen un par de matices arabescos que evocan al genial “Waiting in the wings”(fantastérrica “Star of David” con impresionante belting final de Herr Karevik), cuyo estribillazo rimbombante invita, nuevamente, a empuñar en alto e intentar cantarla a voz en grito —a ver quien tiene la cataplinera de siquiera pretender poder rozarlo— y se encamina en derechura en tanto que Tommy modula y pronuncia, ¡qué diantre!, ejercita sus cuerdas con una exquisitez suprema. ¡Cuántas veces la escucho más sucumbo en ella! ¡Santísimo legato!

Otra vuelta de tuerca se presenta con la agradabilísima y armoniosa “Invencible” que sirvió de tercer single, que a ojos vistas es la más sencilla en estructura que no fácil y echadizo, que entraña buen ritmo, gran desarrollo dinámico, perfecta sincronía en la que todos brillan, y la excelente y luminosa interpretación vocal del tenor lírico suave( rango extraño evaluado por su logopeda), y es que su gimnasia vocal sigue siendo extenuante, pues modula y dibuja melodías que está al alcance de los muy pocos, en tanto que la admirable sincronía instrumental de los cinco fantásticos hacen parón en seco(01:39), y la sigue de inmediato la encantadora sección funky de bajo perpetrada magistralmente por el mejor amigo de Tommy, el rey Andreas Blomqvist, volviendo a dar sopas con hondas-¡no se le resiste nada!-.

Y como las grandezas no cesan de aparecer, ahora le toca el turno a una pieza de padre y muy señor mío, esa es la magnísima y progresiva, “Under a clear blue sky” compuesta por Andreas Blomqvist, que tiene la virtud de hacerse breve y entraña un despliegue instrumental intrincada verdaderamente anonadante, y es que si la cosa comienza con una emotividad inmejorable perpetrada con punteos celestiales de guitarra a las que se superpone la maravillosa sección de bajo(00:35) del rey Andres Blomqvist que vuelve a dar sopas con hondas, su canturía no le anda a la zaga, pues es de una elevada elegancia que expresa una emotividad celebrante, en tanto que la parte instrumental está ejecutada con un desparpajo y entendimiento ejemplar y pasmante, cuyos diferentes dibujos constituidos por secciones que se entrelazan y se superponen entre sí hacen viajar al escuchante de puro fácil, y es que es de ver la amalgama de sonidos de teclado que utiliza el maestro Kyrt sin despeinarse, al tiempo que Stefan Norgren cambia de ritmos y matiza con sumo manejo moliendo a palos su kita partir del(04:11) a son de progresiones de guitarrazos de Johan que vuélvese orate ondulando de forma cuasi arabesca insistentemente, y el parón en seco que hace puente, en el cual mi admirado Andreas Blomqvist toca a solas(04:22) con el sumo gusto y virtuosismo que le caracteriza volviendo a dar sopas con hondas, cuya melodía disfruto en alto grado. A todas luces uno de los enormes momentazos de todo el opus, que ya es decir. Y es que al contrario que en “Tiara”, acá, el discípulo directo de la leyenda Marcel Jacob, quien lo vio en una representación y quedose papando moscas deleitándose con su arte de tal forma que ofreciole darle clases, se impone y alardea que da gran gozo al alma. ¿¡Es menester declarar que es temarraco!?

Y a la postre, como contraposición, la balada por excelencia que sirve como muestra de otra nueva faceta de Seventh Wonder; la titulada “Elegy”, cuya letra y elevada musicalidad inspirada en la popular “Hallelujah” de Leonard Cohen fuera compuesta a piano por mi señor Tommy Karevik, manufacturando una delicadísima y profundísima pieza de carácter triste de caerse de espaldas que expresa pena y paz, en la cual la voz se muestra reinante con el solo acompañamiento de orquestación, delineando una melodía vocal mesurada a la cual se adhieren unos magistrales coros celestiales y envolventes, emanando una calidad y la elegancia intrínseca a la banda que vuelve a ser tan flagrante que me pasma por entero, amén de la aparición de los violines ejecutados por un brillante Görgen Antonsson que hace las veces de Arto Jäveläquien interviniera en la magistral y delicadísima “Beyond today”(lloro mares) de “Tiara” que conmueven de puro fácil. Una vez más, demostrando de lo que son capaces, ¡Gigantesca melodía al alcance de los menos! ¡Sois inmensos, Diola.

Pues, así, con esta brillantez, termina esta reliquia que escucho cuasi a diario y guardo en el arca de caudales, pues es obra amena y entretenida desbordante de calidad que disfruto en todos sus puntos, y es que la compleja ejecución que invita a aguzar el oído para hallar incontables matices y arreglos en lo que invierten más tiempo, y la rimbombancia melódica emanante de elegancia magnética es puro deleite, cosa que no se estila en abundancia en el mundo musical desde hace ha, y es que esta faceta, pienso está al alcance de los menos, lo que resulta ser un valor añadido para los reyes SEVENTH WONDER, que vuelven a dar sopas con hondas.

P.D: ¡Ah, como me enorgullezco de mi buen ojo, pues descubrí al prodigio de mi señor Tommy Karevik mucho antes de que fuera escogido entre mil y tantos aspirantes a llenar la bacante de Roy Khan no solo por su espectacular voz, sino también por sus talento compositivo, que no es poca cosa sino mucha! ¡Aún recuerdo como la serendipia puso en mis barbas a “Mercy falls” y como caí completamente rendido a la estupendísima “Break the silence” cuya extraordinaria introducción de bajo dejóme papando moscas del mismo modo que el despliegue instrumental; al igual que a “Fall in line”, donde me concentré por entero en las virguerías vocales del extraordinario intérprete que dejóme pasmado diciendo para mi coleto; ¡Este tío hace lo que se le antoja con su gaznate! ¡No he deleitado antes cosa igual!, por lo que inmediatamente se convirtió en mi intérprete por excelencia y en mi banda fetiche. A la sazón lanzaron “The great scape” el cual contiene una suite de treinta min que parecen de a diez de lo tan breve que se escucha; dividida en trece secciones sensacionales, y, estas, en infinidad de melodías delineadas con maestría que se adhieren al instante que reafirmaron mi postura de estar ante una banda de grandísimas dimensiones. Yo, que lamentaba el estado musical de entonces y veía como la melodía protuberante e imantada hecha y marcada con sumo gusto y elegancia estaba a punto de extinguirse… merced a ellos volví a tener fe en la música actual, lo cual hizo/ hace tenerles en mucho.

Canción preferida -> The red river.
 
MÚSICOS
Tommy "Mr legato" Karevik - Cantante
Andreas "Mr Bassman" Blomqvist - Bajo
Johan Liefvendahl - Guitarra
Andreas "Kyrt" Söderin - Teclados
Estefan Norgren - Batería
Discográfica - Frontiers Records

martes, 18 de noviembre de 2025

Crítica de IRON MAIDEN - Senjutsu(2021)

NOTA - 0
Y declararon Bruce e Adrian respectivamente; "a los incondicionales les sorprenderá y ritmos tribales muy buenos aparecerán". En eso dispúseme a escucharlo con suma paciencia e sorprendíme, pero ¡siendo víctima de gran embeleco!, porque sonó <Senjutsu> y parecióme plomiza e insufrible —lo de Bruce en 3:36 y 5:36 no es de recibo—, y no capté más que un ápice ritmo tribal de lo que Adrianito promulgara sugestionado a los cuatro vientos. De inmediato pasé a los dos singles olvidables, y recordé el chiste que me ocurriera a la mañana del día siguiente de la publicación de <Stratego> en que la radiaron nada menos que en la emisora RNE1 e hizome dudar de qual de las dos era, hasta que me obstiné, errado, en pensar que era el primer single, conque dije bajo mi coleto: —si las he confundido, esto no es buen augurio—, y no desacerté, porque después de más de veinte pacientísimas escuchas no recordaba ninguna o las confundía entre sí.

En eso seguí escuchándolo, y topéme con la cargante <Lost in a lost world> de la cual solo destaqué los coros iniciales del eterno intro, ya que el salto abrupto al galope refritado que no pegaba ni con cola, retorcióme los tímpanos tanto como el acompañamiento guitarril a la línea vocal y la redundante parte instrumental —¡grande bostezo!—. La <Days of future past> parescía dar por fin paso al ritmo dinámico por su corta duración, sin embargo, ¡PIIIIIII! ¡ERROR!, esta copla que de tan corriente es olvidable, siendo la más directa, dejóme impertérrito de lo tan magreado de sus hechuras, salvo los apretones de posaderas de Bruce para agonizar en el empuje del estribillo, que había de bajar raudo el volumen por lo estridente de su emisión — ¡cuán desagradable! —... A continuación llegó el turno del autoplagio más flagrante en <The time machine> que no hizo sino ruborizarme con puro ardor, en tanto que de <The darkest hour> salvé su solo por los pelos, pues en el resto no hallé nada de la emoción que a supuestas querían transmitir.

Llegado a este punto, faltabame por experimentar el momento más temido del todo, la trilogía turrón duro, para el cual hube de santiguarme a poder soportar la autocomplaciencia del amijo Harris, mas no sirvió de mucho, porque el inicio repetitivo, turrero y extendido de <Death of the celts> aburrióme tanto como la línea vocal simplista y la sección instrumental, asimismo, esta copla no era la más mediocre de la triada, porque me acechaba la más turresca de todas, la paliza <The parchement>, cuyo grueso era como bola de cemento que inmóvil se presentaba, pues consistía en darse vueltas sobre sí misma como abeja rondando flor. Esto hizoseme especialmente redundante, pesado y soporífero, ¡insufrible! ¡Mediocridad en estado puro! — como osen tocarla en directo no pocos caerán en brazos de Morfeo—. Si desde los principios mi capacidad de sufrimiento estaba bajo mínimos, llegado a este tramo, todo vinoseme abajo, porque soportar semejante mazacote era cosa de Dioses. La postrimera canción tampoco me transmitió gran cosa, ya que en <Hell on hearth> Harris aparecía una vez más recreándose en sí mesmo, creyendo, erróneamente, que está capacitado de desplegar canciones mediante repetición de riffs sin torturar al oyente..., ¡molondro y engreído, leñe!

En lo tocante a la execución, de un lado, Bruce volvió a emperrarse en intentar llegar a notas altas de forma que parescía capón que del esfuerzo expelía fasta el mondongo, que de sonar tan forzado y jadeante los tímpanos me estallaba, en eso recordé las declaraciones donde confesaba jactancioso y desvergonzado, que nunca baja tonos en los directos, a lo que dije a mi coleto: -pero no de cualquier forma es correcto, Brusito, lo tuyo es jadear mientras te mueves y no entonar desde el holoceno—.  Del otro lado a Nicko lo percibí tañer sin chispa ni nervio, repitiendo los mesmos patrones desde ha mucho pese escuchalle en ocasiones omnipresente a alto volumen —esto nada tiene que ver con la potencia del azote—. En eso recordé las veces que lo vi en directo, y de como un buen amigo me preguntara en un concierto de porque me reía, y de cómo le dije que Nicko para tocar en un grupo heavy en que a supuestas la fuerza es intrínseca a la disciplina, aparescía en pantalla sonriente dando antuviadas con la fuerça de un anémico en lugar de la de un sañoso, conque mi colega dándome una palmada en el hombro, dijome: —Tronco, lo cierto es que no es Clive Burr, que ostentaba cierto dinamismo y precisión, recuerda que no es completo, que ignora utiliçar el doble bombo, por mucho que sus fanáticos enfermiços traten de excusarle diciendo que a él no le es menester y que no es mejor el más completo... —. El resto dejóme indiferente por mucho que chispearan sus dieciocho cuerdas(!).

En llegando al término del análisis dije para mi coleto: "¿ómo es posible que utilizando la mesma fórmula desde ha mucho, conforme pasa el tiempo suenen peor, cuando de utilizar el mismo patrón habrían de haber adquirido perfección tal que por inercia confeccionaran consecutivas obras de arte en lugar de olvidables echadizos? ", ¡pesia tal!

Lo peor de todo es que su actitud se atisba despreocupada, por lo que el resultado final es una birria, pues nada impresiona, y lo que es aún peor, no transmite sino completa desidia, lo que es cosa imperdonable, que es fundamento elemental en el arte. Y es que no percibo más que colección de refritos, melodías simples, intros interminables para dar opción al cambio de disfraz de Bruce entre acto, procedimientos repetitivos, autoplagios, cambios abruptos en lugar de transiciones naturales, producción deslucida que altera el volumen de la batería que no es sino punible para lo que hemos de esperar de una banda de tal envergadura, un sonido de teclado de orquesta pueblerina y ejecución bisoña del propio Harris que ni tan siquiera se dignó en contratar a un profesional que elegantizara de buena forma el producto.

Lo dicho, una auténtica chapuza que como cabía esperar sus lameculos de turno, esto es, todos los críticuchos que han cedido a sospechosos favores para alabar todo lo publicado como semejante buñuelo, la han elevado a la altura de sus obras más destacadas que tampoco son las joyas predicadas a boca llena. Esto es cosa que ocurrirá siempre con aquesta banda de medio pelo que se repite más que el ajo, y cuyos músicos son peores que aprendices, que a estas alturas siguen sonando desprolijos e imprecisos, ¡bazura!

Conste no soy de los descontentadizos pedidores de una obra a pedir de boca que sigue instalado en una estilo determinado, ni tampoco soy dominado de la melancolía, pues soy consciente de las limitaciones físicas de TODOS los músicos que han dejado de ser moços salvajes sometidos a giras extenuantes que por lógica han desgastado sus facultades adecuándolas a su nueva música —aún hay gentes obstinadas en no querer verlo ni comprenderlo...—, y que solo espero lo entregado sea de disfrutar, expresivo y esté cuidado con mimo denotando el cariño con el cual lo han compuesto, sin embargo, esta cosa chabacana, no ha conseguido reunir ninguno destos infalibles requisitos.

¡Menuda santa mierda! Below Iron Maiden!!!

sábado, 8 de noviembre de 2025

Crítica de ALEX MASI - Downtown dreamers(1988)

NOTA - 7´5

En días como estos en que el sol infernal nos acecha sin piedad con el propósito de convertirnos en mantequilla líquida y al tiempo convertir la tierra en inmisericorde terma romana, mi apetito musical, a menudo, me ordena disfrutar del segundo lp del grupo MASI, cuyos mayores acicates encuéntranse en los alegres y magnéticos estribillos, y en la muy buena interpretación vocal de David Fefolt(Hawk) cuya voz posee un ligero deje de Dio.

En los albores de los 80, el guitar hero italiano Alex Masi viose estancado en su creación musical y decidió darse a la aventura americana. Cuando aterriçó en aquellas tierras, dio a parar en la banda Sound Barrier cuya música no le entusiasmaba gran cosa, con que decidió destituir al bajista para rebautiçar la banda con el presente nombre en tanto que en los consecutivos discos los músicos fueron variando hasta quedar Alex Masi como único eje inamovible.

Después desto, la prestigiosa discográfica Metal Blade Records púsose en contacto con el italiano ofreciéndole un contrato que no pudo desestimar. Por aquel entonces las bandas estaban a merced de las discográficas y no podían permitirse el lujo de perpetrar lo que deseaban libremente, pues sobra decir que esto mismo le ocurrió al veneciano y tuvo que adaptarse a lo que los jefes ordenaban.

Alex Masi
Cabe decir que al guitarrista no le agrada este álbum tanto como las fiestas inolvidables del momento que parecían no tener fin, pues viose condicionado y solo osa rescatar el mediotiempo sugerente y elegantón <Thunder and lightning> que posee cierta reminiscencia de Whistesnake y a un Fefolt atacando ciertas frases al estilo Coverdale, con modular la voç en aquestos tempos al estilo del británico aportando elegancia y feeling.

El hit por antonomasia es <God promised a paradise>, cuyo riff surgió bromeando entre amigos intentando crear uno que tuviera la misma calidad que la de otros grupos exitosos de la época como Bon Jovi habían logrado con aparente facilidad. El de Masi al parecer fue el más destacado y ahí lo tenemos, creando una melodía juguetona y fiestera desprendiendo buenas vibraciones preparada para que todo el mundo la coreé.

La siguiente <Movin´on> es bastante vanhaleniana/ rattiana, el transcurso de la misma es directa y el estribillo es compuesto como por pequeños saltos. A <Hangin´on> y <I hear you callin> podemos introducirlas en el mismo saco, pues ambas son mediotiempos a pesar de albergar diferente cariz; de un lado se desarrolla con sigilo y tiene un ligero aura southern, en cambio la segunda cual es mi favorita de todas las diez, desenvuélvese con fuerza destilando chulería y picardía por todos sus puntos cardinales. Gran tema.

Otra alegre y pegadiza y rattiana es <Eye of hurricane> cual guarda un estribillo estimulante y coreable, mas un corto pero intenso solo de guitarra vibrante.<Hellraiser> es el caso más heavy, potente y veloz, aquí como en todo el transcurso del viaje todo suena de lujo gracias a la labor del prolífico productor Howard Benson, echando la guitarra chispas cual traca de fin de fiesta, habemus pelotazus.

Por el contrario, tenemos a <State of rock> y <Undercover (Rock'n roll lover)> quales no me transmiten tanto como el resto de canciones albergando cierto poso Ratt. Y para finalizar es la instrumental <Foggy day in Hollywood> que tampoco me suscita gran cosa y se muestra sensual en un primer momento para desembocar en un potente final.

No quedó Masi completamente satisfecho con aqueste disco que mezcla sonidos de Whistesnake, Ratt y algo de Van Halen, empero, a buen seguro que quien disfruta de estribillos quedadizos, ritmos dinámicos y solos de guitarra vibrantes, lo haga asismismo con este <Downtown Dreamers> que ansí como otros discos de la época, fueron merecedoras de una pizca más de repercusión.

Canción favorita: I hear you callin´.


MÚSICOS

Alex Masi - Guitarra

David Fefolt - Voz

Claus Wild - Bajo

Johnathan Mckeighan - Batería

Discográfica - Metal Blade Records

Art work - Neil Zlozower 


viernes, 7 de noviembre de 2025

Crítica de BELLA BESTIA - Lista para matar(1986)

NOTA - 6´5 

Luego de darme de bruces con la imagen envejecida del cantante Tony Solo(Sangre Azul) yunto al cutríssimo Fran Vázqueç, quien es ido con ínfulas de estrella sobre las tablas tributando chabacano a los desfasadicos y propios Sangre Azul, causándome grande impresión el que se pareciese al ex político Jorge Fernández Díaz, dióme cierto golpe de curiosidad de recordar a una de aquesas bandas esperpénticas cuya imagen abigarrada tenía grabada como el hazmerreir del panorama musical español general como los fuesen Bella Bestia, cuyo nombre fuera bautizado entre risas un día luego de salir de ensayar yendo de picos pardos tomando lingotaços de DYC como buenos metalpacos, y cuya música heavyglamypaca me fuese recordada chirriante de más por el cantante autodidacta canario(Santa Cruz de La Palma)Pancho Martín, quien sustituyera a Tony Cuevas luego de irse a la mili, y fuera llamado del representante de rock Julián Gálvez(R.I.P.) a que entrara en ella dejando tras sí las bandas Claxon("punk") y Hielo Hirviente("progresivo") con la qual grabara maquetas y no las moviera de ningún lar.

Es aparentemente quien, a decir cierto, diera imagen, y de su parte ilusión a la banda, que era dispuesto a todo por divertirse y llevallo a buen puerto manque no tuviera voç ni voto en la formación, quedando el sueño en la estacada el día en que Pepe Mary y Tony Acebes, fundadores y líderes principales, decidieran expulsar al guitarrista Pepe Rubio y entrara el batería Lamberto Amador en sustitución de <La Bestia> luego de grabar aqueste <Listos para matar>, dejando, a su capote, desalmada la banda, lo qual fue confirmado en que fueron a grabar su siguiente obra <¡No, cariño no!>, cuya elaboración no fue exento de vacíos y sensaciones turbias y atribuladas; lo qual fue así en cierta manera su entrada en Bella Bestia, que habiendo escuchado el debut no gustó a Pancho, y cantando en su estilo atiplado en la cárcel de Carabanchel fue expulsado; mas vuelto de J. Gálvez luego de cantar <El gran mago> satisfaciéndoles de modo tal que aún <Lista para matar> es clasiquillo metalcaspaco. 

Y es que, habiéndolo escuchado unas tantas veces en rueda, verdad es que mi percepción a cambiado un tanto de aquesta fusión glam/heavypaca compuesta de una parte en estudio y de otra en directo, siendo rezumante de la ingenuidad, ilusión y gamberrismo que a la sazón se vivía, cuyo sentimiento siempre es impulso de ensoñación. Si bien la base rítmica no me es para lanzar cohetes pues es el batería "La bestia" no haciendo honor a su mote, que no hace sino tocar sin pujança ni es grande la obra en contrapuntos ni variedad, la actitud de Pancho al micro, qual es al fin y al cabo la impronta estridente que marca a Bella Bestia, es el acicate de seguir escuchando los cortes todos por ver como finaliça, teniendo en su haber momentos tan bonitos y sensacionales como es el contrapunto <Háblame>, la desnuda balada en que Pancho canta con voç natural a lomos de punteos celestiales. Pues, esta, digo, jamás dejó de gustarme. <Ardiendo en la noche> es repetitiva en demasía, que no hacen sino redundar diciendo de guisa atiplada <¿qué más? ¿Qué más?>, fasta el infinito, cogiéndome la sesera como cepo a cabeça de zorro, que no hay cosa más detestada de mí que aquesta insustancialidad que no es sino signo de los metalpacos... <Súbete a mi piel>, cuyo inicio remite al principio de <Girls, girls, girls> de las amebas Motley Crüe, y cuyo desarrollo es un tanto vacilante siguiendo la esencia de la letra pícara, no es de despreciar, cuyo final soltando <no ha sido un sueño/ estás a mi lado/ bajo las mantas ¡hum! bajo las mantas/ creo que hoy no saldré>, las convierte en una de las más destacadas de mí. Y otra que es de primera impresión carismática, y siempre la tuve entre mis preferidas dellas, es <Clasificado XXX>, que sirve de cepo a los escuchantes, qual entra derecha dejando el mensaje sado claro desde los principios y es botón el bajo, lo qual es de agradecer, ¡entra como estocada!

Grande canción Bella Bestia en cuyo estribillo parece Pancho ser dechado directo de Tete Novia apretando posaderas con grande actitud, siendo puro pegamento, demás deso, es la letra realmente escalofriante, que es manifiesto feminista y truculento, siendo el final de quedarse ojiplático, ¡bestial!¡Y nunca mejor dicho!, por su parte, el solo de guitarra, no es así tanto, qual es pura improvisación de intento de epicidad -como cuasi todas-. De Fox the run poco hay que decir, pues ya sabedes que es, salvo que era canción escuchada dellos en reuniones de amigos y que Sweet fuese grupo favorito del bajista Pepe Mary, generándome, diciendo verdad, grande indiferencia, que ni se movieron a hacella distinta. Es el principio de la desenfrenadica <Nosotros no>no muy acertada en la rima, chirriándome el cutrecico: <lleva a tu chica y colegas/ llámalo Rock & Roll>, sin embargo, a medida que va tomando speed y Pancho atipla la voç, la cosa es mejorada, siendo su estribillo reivindicativo, contundente e incisivo bien rico. ¡¡Engaña su principio... mola su desarrollo... y serás cantando a voç en grito <Nosotros, no> en todo momento!! 

¡Y... diantre!, así con la tontería, con la predisposición idónea, lo disfruto sin apenas piedras en el camino, que era olvidando la clásica <Rompecuerpos>, cuyo inicio es bien Kiss y es con la qual se presentaron en el programa  <1, 2, 3>, ¡siendo aquesta aparición su mayor hito visual y señuelo por ser razón de pasar de hacer 40 conciertos a 120 al año! ¡La tal es un andante mesurado y contundente vocalmente, que es Pancho marcando bien el paso, cuyo estribillo magnético es digno de cantarse a viva voç! ¡Temaaazo! Y de <Aquí no hay ni Dios>, es de destacar su alegato a la diversión en el Infierno, dejando a la Tierra de aburrida -la qual es-, siendo incisiva, punçante y vivaç. Otro sabrosico tema. 

Y es que al fin y al cabo, salvo en unos pocos puntos, la cosa es de degustar, si  bien las texturas y estilo se estiman algo monótonos siendo resarcidos de ejecutarse con pasión. El resto de tonadicas son cuatro temas extraídos del debut que suenan, en directo, desenfrenadas y exudadas. En fin, con raçón llega a ser un pequeñico clásico del metalpaquismo, mas pienso que de haber seguido en la brecha su final hubiere llegado no muy lejos, que en su condición casposica no había mimbres de experimentar ni sonar refinados. Las veras sean dichas. Vale.


P.D. Y ora que husmeo, el cutríssimo Fran Vázqueç, fue el cantante en el concierto de despedida de Bella Bestia, lo qual dice que las señales existen.








MÚSICOS

Pancho Martín - Voç

Tony Acebes - Guitarra

Pepe Rubio - Guitarra

José María San Segundo - Bajo

"La Bestia" - Batería

Discográfica - Nuevos Medios.


martes, 4 de noviembre de 2025

Crítica de JAYCE LANDBERG - The forbidden world(2020)

NOTA - 8´5

¡Con qué elevado frenesí me entregué, con qué intensidad me deleité con el breve anticipo de <Happy 4 you>, cuya producción deficiente deslucía tal balanceante y emotivo mediotiempo que desembocaba en grande solo romántico! Con tanta fuerza se adhirió en mi cocota que para apreciarla de forma depurada no veía día.

Para ello hube de esperar varios años, hasta que hace dos años, de forma inesperada, con la portada del nuevo opus del "concertista" de guitarra sueco me topé, produciéndome grande risa el que pareciera pillado "in fraganti” despegando del suelo chicle pisado. Al punto fui a darle caza y pegué ojos al himnario para ver si traía consigo la tan ansiada ofrenda que en la tercera posición encontré. Pues no fui impaciente y como a la antigua usanza, a que me embistiera para que los oídos de placer me derritiese esperé. Al darle cuerda, del primer tema que bien me gustó su estribillo semiconquistador y aderezo de clavecín, algo muy importante me rechinó; la mezcla no la tope siquiera bien definida, por lo que las cejas fruncí, pues al pronto, el grueso de la ejecución me sonó temerosa, ¡sin precisión! ¡Y la producción como en bruto!, —¡no podía caer sobre mí tan negra suerte!—.


En esta obra hard/ heavy/ neoclásica, cuyas melodías entrañan enjundia, el sonido de batería de Humphrey desnuda de potencia y precisión hallé, lo que en cierta decepción me sumió, pues pocas cosas hay que me desagraden más en el rock, sin embargo; la voz del sexagenario Goran que mostraba signos de desgaste por ley natural —la edad no perdona a nadie, mucho menos a los que ejecutan giras exhaustivas cuyas melodías juegan con mil tonos— manifestaba interés por dar lo mejor de sí, por lo que mi respeto logró —darlo todo significa dar lo que se tenga, ¡no conseguir la perfección!—, los refuerzos de teclado que emulaban el sonido de la célebre <Tubular bells> de “El exorcista” me agradaron con moderación, empero, lo que más me satisfizo fue, como no podía ser otra cosa, la impronta inalterable del guitarrista que embebe directamente de Ynwie Malmesteen y John Norum, que dejaba reflejado su notable talento en tonadas como en la instrumental <
Ghosths of Venus>, la citada <Happy 4 you> o en la exquisitez <Don´t believe> cuyo magnífico punteo neoclásico, emotivo y magnético, me dejó en trance al instante —¡pura delicia! — y su amiga cantatriz Erika ponía voz de forma correcta.


Por otro lado, de la obra que fue grabada en los prestigiosos estudios de Abbey Road —sí, yo también recelé al saber tal cosa, si bien nada tiene que ver el lugar con el procedimiento…—, no me disgustó la añadidura de sonido “árabe” en el trampantojo <God is death> cuyos arreglos eran más de lo que al pronto parecían o las más directas y veloces <Never love again> y <Russian roulette>. Al contrario de <Jelousy> que en un principio no me atrajo en demasía, mas según iba ahondando en ella me iba conquistando, sin embargo, la inacabada <Vyktorya> que a medio camino quedaba muda, jamás terminó de cundirme. Ahora bien, cuando el turno de escuchar la melodía anhelada me tocó y me topé con que nada había cambiado me llevé batacazo tal que petrificado quedé, pese a ello, no dejé de disfrutarla, pues la enjundia seguía jugosa como antes de haberla perdido la pista en Youtube.

Pena es que teniendo entre manos buena sustancia, el de Estocolmo, que toca todos los instrumentos salvo la batería, no reprodujera de forma concisa lo que podría haber sido obra más que deleitable. Dado que el resultado no es óptimo, pues entre otros menesteres la producción integra incisos flagrantes y la escucha es un tanto fastidiosa si no la hago con predisposición o con querer que me agrade a fuerza de intentarlo, le otorgo un justo 8´5.

MÚSICOS
Jayce Landberg - Guitarra, bajo, piano.
James Humphrey - Batería.
Göran Edman - Cantante.

Discográfica - GMR Music Group